MURCIANO Y PANOCHO

Redacción, 24/11/2020

En Murcia se habla diferente, dicen algunos; en Murcia se habla mal, dicen otros. Pero si bien es cierto lo primero, lo segundo no lo es, porque Murcia ha sido repudiada, lingüísticamente hablando, al no alcanzar el oyente la cultura suficiente para entender el por qué hablamos así. Hay que dejar claro que una cosa es el habla murciana y otra la escritura panocha. Totalmente diferenciadas, debemos saber que este dialecto murciano se hablaba tradicionalmente en el sudeste de la península Ibérica, concretamente en la Región de Murcia, sur de la provincia de
Albacete, la Vega Baja alicantina, la Comarca de los Vélez y Almanzora almeriense y la zona que abarcaba el antiguo Marquesado de Villena.

El murciano es un dialecto romance muy influido por el castellano, el aragonés, el mozárabe y el valenciano/catalán, sumado a ello el mestizaje de los siglos XIII y XIV de mudéjares, mozárabes, judíos, neomozárabes y extranjeros que se asentaron con anterioridad en el reino,
sin olvidar a los provenzales venidos del sur de Francia.

¿Alguien pretende que se hable con claridad en la Región de Murcia? Con tanto asedio y asentamiento de gentes de todos lados en nuestras tierras, bastante bien hemos salido. Los árabes nos dejaron mucha huella, pues además de imponernos su cultura, también lo hicieron con su lengua. Así, la gente hablaba castellano-árabe, hasta que llegó la Reconquista y
se impuso el castellano en toda la zona. Eso sí, mezclándonos con castellanos, aragoneses y catalanes.

Mapa de la lengua panocha a lo largo de los siglos.

Durante el siglo XVII podemos encontrar retazos de obras murcianas donde aparece el castellano seseante característico de la Vega Baja del Segura. Ya en el siglo XVIII, el murciano no alcanzó el mínimo nivel literario y se replegó más aún sobre sí mismo hasta utilizarlo solo en forma coloquial. Ahora bien, el panocho no es la lengua con la que la gente se relaciona en su vida cotidiana, solo se manifiesta de forma escrita, y tiene su origen en la actitud burlesca y paródica que los habitantes de las ciudades tenían hacia los habitantes del ámbito rural y rústico.

Es normal que el panochista se invente lo que nunca ha oído, pues no existen normas escritas sobre las que basarse.
El murciano comparte rasgos fonéticos con el andaluz, extremeño, manchego y canario, como la desaparición de la ”d ” inicial o intervocálica (vestío, pare, mare), la caída de consonantes finales (cantidá, estierco), el seseo, el ceceo, la aspiración de la “ f “ o la confusión entre la “ l “
y la “r “ ante consonante (sordao, curpa, cuelpo, calpintero) y en final de vocablo prima la “ l “ (comel).

El romance andalusí hizo que perdiésemos la “s“ al final de los plurales, el aragonés nos dejó las terminaciones –ico, -ica, el catalán aportó palabras como “llanda”, “bajoca”, “abruzar”; y el francés e italiano también hicieron sus aportaciones. Por otro lado, los arabismos (normalmente palabras que empiezan por “al”) y las formas vulgares de los moriscos como “cualo”, “andé”. También debemos tener en cuenta que durante un período de tiempo bastante largo, el catalán se erigió como lo que hoy llamaríamos lengua vehiculár en toda la región. Así que, no me digan ustedes que no es complicado hablar murciano cuando proviene de tal
mezcla de lenguas e incluso de formas de vida tan diferentes.
Sino t’as enterao, yo no tengo la curpa!

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