TRAGEDIA EN EL PANTANO DE PUENTES DE LORCA

Desde el siglo XIII, cuando se conquistó Lorca, hasta finales del XVIII, muchos fueron los proyectos infructuosos de recoger el agua de lluvia para evitar inundaciones, riadas, y ser aprovechada para épocas más secas.

Conde de Floridablanca

Pero fue en 1783 que los arquitectos Juan de Villanueva y Jerónimo Martínez de Lara visitan Lorca para estudiar la viabilidad de las obras y remitieron al Conde de Floridablanca un proyecto en el que se detallaban los beneficios que tendría para la población la construcción de dos pantanos. Afirmaban que Lorca no tenía más de 10.000 fanegas de regadío y que si se aprovechaban las aguas de los pantanos podían llegar a ser 40.000, obteniendo como resultado un beneficio de 28 millones de reales, además del precio al que se vendieran las aguas.

El Conde de Floridablanca dio su aprobación y nombró director de las obras a Jerónimo Martínez de Lara y Comisario-Regio a Antonio Robles-Vives, natural de Lorca, y cuñado del Conde. El 1 de marzo de 1785 comenzaron las obras de construcción de los pantanos. Se decidió que el embalse principal estuviera ubicado en el estrecho de Puentes, mientras que el segundo se levantaría en la garganta de Valdeinfierno, aguas arriba del anterior.

Construcción del Pantano de Puentes

Se dispuso la edificación de almacenes para guardar herramientas y enseres y de una oficina para la custodia de caudales y contabilidad. Con el fin de tener bien comunicados ambos pantanos, y poder movilizar los trabajadores de Valdeinfierno a Puentes, mandó trazar un camino que unía ambos embalses. Pese a que durante la construcción del pantano de Puentes hubo algunos problemas por las filtraciones, éste se encontraba ya en estado de represar agua el 3 de diciembre de 1788, y quedó totalmente cerrado a finales de 1791.

Un año más tarde, el Conde de Floridablanca fue destituido por Carlos IV y desterrado a Murcia. Robles-Vives, que mantenía una seria polémica con los oligarcas locales que se oponían a la construcción del pantano porque se acabaría su privilegio de «dueños del agua», también fue desterrado y enviado a  Albacete.

Cambió la situación política y se redactaron nuevos informes sobre esta obra, que no daba su visto bueno al cien por cien por estar erigido el Pantano de Puentes sobre arena.

El Fiscal de la Real Empresa, Ginés Hernández, fue designado coordinador de las obras hasta su finalización. Entre abril y junio de 1794, los pantanos represaron los aluviones de cuatro riadas, y aunque las filtraciones continuaban, parecía que el proyecto iba bien.

Pantano de Valdeinfierno

El pantano de Puentes nunca había estado al límite de su capacidad, pero el mes de abril de 1802 fue muy abundante en lluvias y riadas. El embalse había estado recibiendo los aportes de los ríos Vélez y Luchena y los de la confluencia de varias ramblas, por lo que estaba a punto de desbordarse.

Francisco Oliver, quien en aquel momento estaba sustituyendo al alcalde del pantano que se encontraba en Lorca, recibió un aviso de un peón que le comunicó que salía más agua de la habitual y que ésta estaba muy turbia.

Estuvo brotando hasta las tres de la tarde, hora en la que se produjo un gran estallido que rompió las débiles compuertas de madera del pantano de Puentes y dejó salir el agua con un ímpetu inesperado.

En poco menos de una hora las aguas, que arrastraban una gran cantidad de rocas y vigas de todos los tamaños, destrozaron, casi por completo, el barrio de San Cristóbal de Lorca dejando a su paso 608 muertos (aunque se estima que el número fue mayor ya que no se hallaron los cadáveres de algunos viajeros que se encontraban en las posadas), 1.800 casas arruinadas, 900 fanegas de tierra anegadas, más de 40.000 árboles arrancados y unas pérdidas materiales que se cifraron en 21.718.185 reales de vellón.

Así quedó el Pantano de Puentes tras la rotura

El destino quiso que una de las primeras víctimas de la tragedia fuera uno de los mayores responsables de la obra, Antonio Robles-Vives, quien se encontraba en su finca de Palomares, entre Puentes y Lorca, y parece ser que fue avisado de que algo no iba bien. Pidió a su chófer que lo trasladara a Lorca, pero a mitad de camino su carreta fue arrastrada por las aguas.

Quedó destruido el convento de frailes Mercedarios y el de San Diego. La parroquia de San Cristóbal albergó asgua hasta la altura de los arcos de las capillas, y la ermita de Nuestra Señora de la Peña, ya fuera de la ciudad, quedó completamente arrasada.

Iglesia de San Cristóbal, hoy

El episodio más trágico fue el que se vivió en la Casa de Serón. Esta vivienda era un edificio de sólida construcción, todo de sillería, lo que inspiraba una gran confianza a su dueño de que resistiría la fuerza de las aguas. Y animó a sus vecinos que se refugiasen allí. Llegaron a encerrarse en aquel lugar unas 300 personas, que iban subiendo hacia arriba según entraban más vecinos.

De pronto, un enorme peñón, arrastrado por las aguas, golpeó violentamente el edificio y le arrancó de sus cimientos, la casa se balanceó y acabó hundiéndose. Cuando pasó la avalancha, fueron encontrados dos peñones de unas 250 toneladas de peso cada uno a varios kilómetros de la ciudad.

Pantano de Puentes, hoy

En ese momento se iniciaba la que, aún hoy, es la mayor tragedia hídrica de la historia de España.

En el año 2000 se inauguró, por fín, el pantano de Puentes que actualmente recoge en Lorca el agua caída en las estaciones pluviales; pero ya con una buena infraestructura y la seguridad de que no puede ocurrir lo que antaño.